Casos de éxito
Persona interesada en emprendimiento innovador
04 feb 2026
16 minutos
Autor:
Example
Plataforma ONE
En colaboración con:
Hernan Hernandez Olaya - Co-fundador en Gloop
Categorías
Contenido de la comunidad Referencias de emprendimiento

Gloop transforma el consumo de cubiertos en Horeca con una alternativa comestible y sostenible

En este caso real presentamos Gloop, una startup fundada por Marta y Hernán que ha desarrollado una solución pionera: cubiertos comestibles que sustituyen a los materiales tradicionales poco sostenibles y mejoran la experiencia de consumo. Su propuesta ya está presente en más de 130 establecimientos del canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) y la compañía avanza hacia la industrialización con el objetivo de escalar su impacto. 

Gloop
Si no te avergüenzas del producto que has vendido en el pasado, algo estabas haciendo mal”.

Con esta reflexión, Hernán, cofundador de Gloop, resume una de las ideas que han marcado la evolución del proyecto: mejorar sin parar, aprender rápido y no tener miedo de mirar atrás para seguir creciendo. La historia de Gloop comienza en la universidad, donde Marta y Hernán, estudiantes de Emprendimiento e Innovación Empresarial, decidieron crear un proyecto con impacto real en sostenibilidad.

Desde sus primeros análisis detectaron una oportunidad clara: la cubertería de un solo uso seguía generando problemas de sostenibilidad y de experiencia. La madera provocaba sensación arenosa, el papel dejaba una textura incómoda —“como acabar comiendo papel en la boca”, explica Hernán— y ninguna alternativa aportaba valor al consumidor.

Frente a ese escenario, surgió la pregunta que lo desencadenó todo: ¿y si, en lugar de usar y tirar… nos lo comemos?

Así nació Gloop, una propuesta que combina sostenibilidad, alimentación y experiencia: cubiertos comestibles, resistentes y crujientes, capaces de mantenerse estables durante 20–30 minutos. El resultado es un producto que convierte un residuo en un snack y mejora la experiencia del usuario. Hernán lo resume con una cifra que refleja su potencial: “La cuchara se la come el 90% de la gente en su totalidad”. 

El caso de Gloop también pone de relieve el elevado volumen de residuos que generan los utensilios tradicionales. Solo en España, recuerda Hernán, “se están consumiendo 13 millones de pajitas al día”. Ese dato muestra con claridad la magnitud del reto y el impacto que puede tener una alternativa más sostenible, funcional y agradable.

A lo largo del camino, Marta y Hernán han consolidado un proyecto que combina creatividad, rigor y visión industrial. Han aprendido a iterar rápido, a escuchar al cliente y a avanzar con los recursos disponibles, incluso cuando eran escasos: “La falta de dinero agudiza mucho el ingenio”, señala Hernán, explicando cómo construyeron su primera planta industrial optimizando cada decisión, buscando maquinaria accesible y apostando por aprender haciendo.

Este caso real muestra cómo la combinación de visión emprendedora, sencillez técnica bien ejecutada y voluntad de mejorar el entorno puede transformar un objeto cotidiano en un producto con impacto. Gloop no solo propone eliminar residuos: propone una experiencia más divertida, sostenible y coherente con las necesidades reales del sector.

Si quieres conocer todos los detalles, continúa leyendo y descubre cómo Gloop está transformando un elemento clásico desde la sostenibilidad y la reducción del impacto ambiental.

De la universidad a la innovación: el origen de Gloop

Gloop nace en 2022 como resultado de un proyecto universitario con vocación de impacto. Durante sus estudios de Emprendimiento e Innovación Empresarial, Marta y Hernán buscaban una idea que uniera tecnología, sostenibilidad y propósito. Su análisis inicial les llevó a observar la evolución legislativa y el abandono progresivo de los productos de un solo uso.

La cubertería desechable destacaba por su elevado impacto ambiental y por una experiencia de uso deficiente. Como recuerda Hernán, “la madera también genera dentera en la boca… mucha gente le da como esa arenilla que no puede comer, y el papel es como comerse papel”.

Ese diagnóstico abrió una oportunidad: crear un cubierto que mantuviera su funcionalidad, evitara residuos y además pudiera comerse. De ahí surge la pregunta que desencadenó todo:

¿y si, en lugar de usar y tirar… nos lo comemos?

Un producto divertido, funcional y con impacto

El enfoque de Gloop combina sostenibilidad, diseño alimentario y experiencia. A partir de sus primeras pruebas, entendieron que era posible construir una alternativa que aportara valor real al consumidor. Como explica Hernán: “dar una vuelta, hacer más divertido en un producto de toda la vida que no se le había dado valor”.

El resultado fue un cubierto resistente, crujiente y estable durante 20–30 minutos, transformable en un snack tras su uso. La aceptación fue inmediata:

“La cuchara se la come el 90% de la gente en su totalidad”, afirma Hernán.

El contexto mostraba la urgencia del cambio: “solo en España se están consumiendo 13 millones de pajitas al día”. Una cifra que subraya el impacto que puede tener una alternativa comestible y sostenible.

Claves para cerrar su primera ronda de inversión

La primera ronda de inversión de Gloop, cerrada en 2023 y liderada por Sancus y Decelera, supuso un punto de inflexión para la compañía. Para Hernán, uno de los aprendizajes fundamentales ha sido comprender que la inversión no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que debe utilizarse en el momento y con el propósito adecuado. Lo resume así: “Hay que ver si de verdad necesitas el dinero… La falta de dinero agudiza mucho el ingenio. Y es así.”

En lugar de buscar grandes cantidades de capital desde el principio, Marta y Hernán apostaron por un crecimiento disciplinado, reduciendo el gasto al mínimo y priorizando decisiones que permitieran validar el modelo sin comprometer el futuro financiero de la empresa.  

Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes de esta etapa no fue económico, sino humano. Hernán insiste en que la elección de socios es estratégica, ya que la relación con el inversor va a acompañar a la empresa durante años.Esto es una maratón… tienes que escoger buenos socios. Si no tengo feeling con la persona con la que hablo, me cuesta ser transparente.” Esta visión, basada en la confianza y la cercanía, ha guiado la selección de los perfiles que han entrado en su capital y ha evitado futuros problemas de alineamiento o estrategia.

Hoy, con una nueva ronda prácticamente cerrada, la empresa afronta esta ampliación con una madurez mayor: tiene clara la etapa en la que se encuentra, los hitos que quiere financiar y el rol que deben jugar los nuevos agentes inversores dentro de su crecimiento.

Crecer en Horeca: escuchar, aprender y co‑crear

El sector Horeca fue desde el principio uno de los grandes retos de Gloop. Su primera prioridad fue encontrar personas dispuestas a probar nuevas soluciones, los llamados early adopters. Con ellos pudieron validar características del producto, comprender necesidades reales de uso y mejorar la formulación hasta lograr una estabilidad óptima.

Uno de los casos más representativos es Iberostar. Hernán recuerda cómo la relación empezó de forma humilde: “Empezamos con 5 hoteles”. A partir de ahí, y gracias a la buena recepción del producto, la implantación se extendió hasta cubrir todos los establecimientos de España, Portugal y Canarias, con la posibilidad de expandirse también a México. Para Gloop, este tipo de relaciones demuestra que la transparencia, la honestidad y el acompañamiento constante generan confianza y permiten a los clientes convertirse en verdaderos aliados del crecimiento.

La mejora del producto también ha sido determinante. Los primeros prototipos eran duros, difíciles de morder y no cumplían la promesa de ser realmente comestibles. Hernán lo recuerda con humor: “Teníamos un prototipo hace dos años que apenas se podía morder… decíamos que era “comestible”. Esta honestidad marcó un salto en su I+D, impulsándolos a reformular la receta, trabajar nuevas texturas y realizar cientos de pruebas hasta obtener una cuchara resistente, estable y realmente disfrutable.

Ese proceso de iteración constante, junto con el hecho de que cada vez más clientes les contactan directamente para solicitar el producto, confirma que el ajuste entre solución y mercado es cada vez más sólido.

El gran reto técnico: lograr resistencia y calidad alimentaria

Uno de los desafíos más complejos para Gloop fue la dimensión técnica del proyecto. Ni Marta ni Hernán procedían del sector alimentario, lo que les obligó a recorrer una curva de aprendizaje intensa.

Hernán destaca que esta etapa requirió adoptar una actitud completamente nueva: “Es súper importante estar muy predispuesto a tener una curva de aprendizaje alta y aprender muy rápido.” En ese proceso, Marta jugó un papel clave al liderar todo el trabajo de I+D, llevando a cabo miles de pruebas durante 2025 y coordinando la incorporación de perfiles técnicos especializados, como tecnólogos de alimentos y profesionales procedentes de empresas como Gullón.

También recurrieron a consultores externos para validar mecanismos industriales o procesos de calidad, pero pronto descubrieron una verdad esencial: “Es como Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como.” La base del producto —su formulación, su método de fabricación y su comportamiento durante el uso— no podía depender de terceros. El know‑how debía desarrollarse internamente para asegurar que la startup pudiera evolucionar sin depender estrictamente de proveedores externos.

El resultado ha sido un producto con una calidad notablemente superior, que responde de forma estable en diferentes entornos y que se ha convertido en el estándar de la compañía para crecer de forma industrial.

Industrialización y hoja de ruta 2026–2027

Después de validar el producto y consolidar sus primeros clientes, Marta y Hernán comprendieron que para competir en precio y garantizar la disponibilidad necesaria, era imprescindible disponer de su propio espacio de producción. Así nació su primera planta, concebida con recursos mínimos, pero con una visión clara: avanzar hacia una cadena de fabricación optimizada, escalable y capaz de soportar crecimiento sostenido.

La planta actual funciona como un obrador mejorado, pero el objetivo para 2026–2027 es aumentar la capacidad, automatizar parte del proceso y reducir costes operativos. Hernán lo explica con claridad: “Lo que hay que hacer es mejorar el proceso industrial de fabricación.” El propósito es competir prácticamente al mismo precio que las alternativas tradicionales, alcanzando la llegada al mercado con pajitas entre 4 y 4,5 céntimos, un umbral que posicionaría a Gloop como una opción económicamente viable para miles de establecimientos.

En paralelo, la empresa busca mantener la rentabilidad lograda en 2025, año en el que alcanzaron un EBITDA positivo, y sostener un crecimiento anual moderado pero constante, situado entre el 2,8% y el 3,5%. Además, gracias a clientes internacionales como Iberostar, Gloop está entrando de forma orgánica en nuevos mercados sin necesidad de abrir operaciones locales desde el primer día.  

Consejos para startups FoodTech en Horeca

Hernán considera fundamental definir desde el principio el tipo de empresa que se quiere construir. La pregunta que le hicieron al inicio —“¿Qué tipo de empresa quieres tener?”— marcó su forma de ver el crecimiento. A partir de ella, entendió que no todos los modelos son iguales y que cada uno implica sacrificios, prioridades y ritmos distintos.

Por un lado, existe la vía de una FoodTech industrial, con márgenes ajustados, un crecimiento más gradual y la necesidad de levantar rondas más contenidas. Por otro, está el camino de las grandes marcas basadas en fuertes inyecciones de capital, crecimiento rápido y presión de los fondos de inversión. Cada estilo determina la estrategia comercial, la necesidad de inversión, el nivel de riesgo personal y la estructura de equipo.

Aprendizajes aplicables a otras startups de impacto

Mirando con perspectiva, Hernán admite que, de haber contado desde 2022 con el conocimiento que tiene hoy, el camino habría sido mucho más eficiente: “Si todo lo que sé ahora lo hubiera sabido en 2022, la de cosas que nos hubiéramos ahorrado.” Una de las lecciones más importantes que destaca es la necesidad de entender en profundidad el sector en el que se quiere operar, especialmente cuando se trata de alimentación.

El producto que querían introducir —cubertería comestible— es un commodity, es decir, un producto de uso masivo, márgenes bajos y competencia alta. Esto implica comprender los ritmos industriales, los volúmenes necesarios y las exigencias logísticas.

No basta con leer informes o tendencias, sino que hay que hablar con industrias tradicionales, con personas que han fabricado productos durante décadas y también con startups FoodTech que ya han escalado.

Este contraste permite aterrizar expectativas, elegir mejores estrategias y evitar errores costosos en fases tempranas.

El papel de la Plataforma ONE en el ecosistema

Para Hernán, uno de los grandes retos de emprender es gestionar la enorme cantidad de información dispersa que existe en el ecosistema. Encontrar convocatorias, identificar agentes inversores, localizar partners o acceder a datos relevantes puede consumir tiempo que una startup no tiene. Por eso, considera que la Plataforma ONE puede jugar un rol decisivo: “El caos del emprendedor puede convertirse en orden.”

La Plataforma ONE actúa como un punto centralizado donde consultar información pública y privada del ecosistema. Esto reduce la fricción en la búsqueda de oportunidades, facilita la conexión con agentes clave y permite que una startup pueda avanzar más rápido con menos recursos. Para proyectos como Gloop —que han crecido de forma orgánica, ajustada y muy consciente—, este tipo de herramientas 

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